4 abr. 2010

Escribir después de beber

Se convierte en una hercúlea tarea escribir despues de beber. El Hércules post borrachera se enfrenta al gran dilema de contar una historia, tecleando duramente los pasos que la construyen, antes que echarse sobre el blando colchón que llama al descanso y al sueño; justo tras la espalda está.

El Hércules post borrachera es un ser que ya afrontó batallas de tal dureza como el regreso a su morada, media hora caminando, en la lucha nocturna de las piernas contra el suelo y el cansancio contra las piernas. Hércules gana el 75% de los combates al demoledor ansia del alcohol. Una derrota contra el alcohol supone varias horas de vómito y jaqueca. Hércules es muy consciente y por eso pelea con tesón. Hoy soy un Hércules vencedor. Un Hércules victorioso por llegar a casa. Vencí al alcohol castigador, una madrugada más. Pero... perdí una pequeña batalla de esas en las que juegas a veces con la vida. Una batalla repetida tantas veces como las campanas de la Iglesia los domingos. La vida pone piedras iguales que pisas varias veces, dónde tuerces el tobillo las veces necesarias y sigues exponiendo el tobillo cuántas veces la vida quiera poner esas piedras punzantes y torcedoras. Hay ciertas lecciones de la vida que no terminan de cuajar en mí.

Sólo paré dos minutos (menos probablemente) y ya se habían marchado. Les dije que esperasen un momento, simple, no podía dejar de saludar a un amigo de toda mi vida. Menos de dos minutos les bastaron para escapar; para dejarme de lado; para yo buscarles entre las multitudes desconocidas de la calle caótica de los que empiezan a caer o los que ya cayeron en las garras de Baco. Me abandonaron en esa calle y decidí volver solo a casa. No había nada para quedarme allí después de buscarles con la cara palideciendo del miedo a quedarme solo entre semejante caos. Otra vez más. No es la primera vez que me pasa ni será la última.

Volver a casa siempre reconforta. Pensar que los amigos no comparten tu concepto de amistad no reconforta sin embargo. Treinta minutos de camino, a pie, por las calles conocidas de noches como ésta, dan para querer quedarse sin amigos.

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