20 sept. 2010

Ecos, decenios, años

Los ecos retumban sobre las paredes de la facultad, en las cristaleras que dan al pseudojardín, en las de la puerta del café. Una eternidad, un segmento temporal vacío me separa de estos muros. Para mí los meses suman como decenios. Veinte años del calendario han corrido pues.

Estos ecos que resuenan a las ocho y media de la mañana son distintos. Los sonidos de la facultad silban voces extrañas a las que he oído desde que planté los pies sobre estas baldosas blancas aquel septiembre de 2006.

Hago un esfuerzo por convertir los timbres, los tonos y la cadencia de los ecos de hoy en las voces y risas de ayer. Las voces, los rostros y los textos de quiénes se fueron pronto retumbarán en otros pasillos. Así lo deseo.

Las mañanas de los días por venir se antojan desapacibles en el silencioso universo de una biblioteca desierta de los que se marcharon. Imagino un silencio de emboscada para las horas que viviré en esa guerra entre los folios impregnados en negro y mis cegadoras gafas.

Me esperan ciento veinte años de soledad.

14 sept. 2010

El final a las puertas

Cuando lo deseas, no hay motivos que discutan la voluntad. Aunque la vida te ofrezca oportunidades, nuevas miras y azarosas conquistas.

1 sept. 2010

Producto de aquel día

Y ya son 14 años, los años que han corrido tras el día más infame. Un 1 de septiembre de 1996 no debería haber sido tan cruel. Maldigo la fecha miserable que arruinó mi vida y la de mi familia.

La muerte decidió tocarnos con su dedo putrefacto. Tocó la cúspide de mi vida y acabó con lo que me queda de ella. Mi padre no merecía morir. El yo que se arrastra entre intermitentes ratos de alegría y decaimiento nació el 1 de septiembre de 1996.