16 ene. 2012

Mi crisis de humanidad

El agua estancada adquiere una tonalidad verdosa, el color de la polución. Es un signo de contaminación, señal para no ser bebida. Mis mejillas tienen ahora ese color nuclear cuando estoy ante el espejo. Me he estancado como el agua de una piscina después del verano. Crecen los renacuajos en mis pupilas verdes fluorescentes. He puesto mi vida en el límite entre el retorno a la nada y la depresión del vacío, en el erial donde mirar más allá es gastar el tiempo. En síntesis, quemo las metáforas; honestamente admito que atravieso una crisis de humanidad, una recesión espiritual. Créanme que no se trata en este caso de un vuelco sobre mí mismo, una huida a mi interior para descubrirme más profundamente y hallar las respuestas. Es ésta una recesión en tanto que es marcha atrás sobre los pasos, paulatina; como un alzhéimer de los pies que olvidaron que se camina hacia adelante. ¿Qué me ha puesto en estas lides?, ¿quién soy ahora?, ¿cuándo dejé de progresar si es que antes lo hacía…?

He caído en la cuenta que el dinero es el progreso y el estancamiento. Me conturba razonar como incuestionable la dependencia económica del individuo; la causa aritmética y proporcional de más dinero igual a más poder y, dando un rodeo a esta espiral escalonada, determinar que sin un billete no somos nada. Me estallan las sienes de tanto rasgarlas. De no ser porque tengo hogar y familia, pudiera considerárseme un mendigo. A decir verdad, soy vagamundo. Económicamente vivo de la caridad de mi familia, que ha visto el nido de piojos entre las costuras de mi cartera. Familia y amigos me miran, cómplices, y sacan dinero extra de sus billeteras para que el peso de mi incapacidad monetaria no recaiga tan fuerte sobre mí. Se equivocan si me creen más tranquilo cuando lo hacen, ocurre lo contrario, pues otra carga mayor me quiebra las rodillas. Siento en esos momentos de caridad, restallando sobre mi espalda, los latigazos del demonio sobre las turbamultas de pecadores. Y mi frustración se apunta una más para torturarme de madrugada. Quizá ésta me impulse a beberme libros de filosofía, de los que dicen que es mejor ser hombre bueno y no tener nada pues nada material podrá ser robado; que el hombre sabio se pasa la vida aprendiendo a morir. Pero estos libros son, al fin y al cabo, para el nivel de hombre que soy, un jarabe fungible. Me aferro a la filosofía para no ser llevado por el huracán de la locura y de la depresión, porque sería una elección inteligente volverse loco para olvidarme de todos mis males y de los males del mundo.

Mi pobreza trasciende mi alma. He imaginado cómo sería zarandear a un tecnócrata, este ser tan vanguardista que perdona a los hombres que acuchillan a la humanidad. Tengo una visión distinta ahora, de la violencia. Los tecnócratas se amparan en la democracia y en la necesidad para erradicar libertades y para mí, eso es violencia. ¿Acaso no es violencia atar a un pájaro?  No para ellos, que sólo ven violencia después de la sangre. Dados estos argumentos, soñé que agarraba a uno de estos personajes de chaqueta y corbata, de la pechera, ante cientos de personas, que me alentaban a seguir, ardiendo de rabia, con lágrimas cayendo. Pero entonces el sueño se hizo verosímil y aparecieron varias patrullas de policías con cascos, porras y escudos que, después de disolver a golpes al pueblo reunido, me apalearon y metieron en un furgón azul…

Fabulé que era director de cine y que me proponían hacer una película de la sociedad actual. No me fue difícil proyectar en mi mente la película: Nueva York, Londres, Madrid, Berlín… Grandes planos grises de las grandes ciudades del planeta y de sus espacios más representativos. El día está nublado en todas ellas y sólo hay muñecos hinchables en las calles, de los que se compran para masturbarse: desnudos, inexpresivos, quietos. En las pantallas de televisión, los tecnócratas señalan el camino de la humanidad.

Será razón de mi crisis esta nefasta percepción del mundo.

2 comentarios:

  1. Nos sentimos muy tristes de como está todo y somos los protagonistas de nuestra nefasta percepción. Somos ojos que miran más allá de una palabra.
    Me encanta. Felicidades

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  2. El humano se hace más pequeño pero cree estar creciendo. Estancamiento y subdesarrollo, eso es el dinero. Y las ciudades están llenas de muñecos sin alma que consumen el mundo.
    Solo queda soñar y crear una burbuja personal.
    Un saludo.

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