24 mar. 2010

Cristales rotos a puñetazos

Cinco minutos después de mi debut como bloguero anacrónico, ya comencé a tener impulsos agresivos. Fue una minifuria anticristalina. Todo aquel material que fuera espejo sería objetivo de mis golpes despiadados. No importaba si las venas quedaban en el camino. Tampoco le prestaría excesiva atención a los hilos de sangre que, en caída libre, deslizándose bajo las telarañas de los cráteres de espejo, pintarían de rojo su reflejante superficialidad.

La agresividad amainó fugaz. En un destello, el dios del sueño procedió a seducirme. Las ideas también amainan, descubrí. Como las tormentas. Buenas o malas, las ideas se sostienen del mismo travesaño que los rayos, las nubes.

Aún, veinticuatro horas después, no sé qué quería destruir anoche: espejos o mi vida.

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