13 dic. 2010

Pues no me pertenece

Nada mío. Nada que me incumba. Nada de lo que haya de preocuparme. Ella no es nada. No forma parte de ninguna parte de mi vida; quizá sí de sus aristas afiladas. Pero he de sobrevivir. He de aquietar el nervio que acuchilla mis entrañas al pensar que ella baila la danza del sudor con otros hombres; y aunque estuviere presente ante tal agitación, yo, guardaré las ansias en uno de los pozos donde arrojo las nostalgias.

Pues si no me pertenece ella buscaré mis ciertos haberes entre cualesquiera de las ficticias princesas que intercambian sus coronas por cigarrillos en las cafeterías y los bares. A todas mis futuras princesas drogaré para poseerles las noches que les engañe.

Porque ella no me pertenece pues yo perteneceré a decenas de otras ellas, aunque sólo a ratos y a deshoras. Pues ella no me pertenece y yo no pertenezco a ella.

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